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The Witt

Finanzas sostenibles: medición sin mecanismo

Lo que me hizo cambiar de opinión: las finanzas sostenibles deben conectar el principio con el precio

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Head of Sustainability for Economic Infrastructure

Duración: 3 Mins

Date: 10 jul 2026

Mi primer trabajo no fue en el sector financiero. Me dedicaba a la evaluación medioambiental, el cumplimiento normativo y la estrategia de sostenibilidad para empresas de infraestructuras. Parte del trabajo era práctico y se desarrollaba sobre el terreno; otra parte consistía en una versión incipiente de la estrategia climática.

Eso sigue marcando mi forma de pensar.

El trabajo normativo —permisos, evaluaciones de impacto y seguimiento— se llevaba a cabo. No porque de repente todo el mundo se hubiera apasionado por  las emisiones de carbono, sino porque existía un marco normativo, las consecuencias eran reales y los aspectos económicos lo reflejaban. El trabajo estratégico era más irregular. Algunos informes acababan acumulando polvo. Pero cuando podía demostrar la rentabilidad, la licencia para operar, la anticipación normativa o la ventaja competitiva, los clientes prestaban atención. Fue una de las primeras lecciones para un joven e ingenuo ecologista: el mundo no funciona a base de sentimientos cálidos y vagos por «hacer lo correcto». 

Cuando las buenas intenciones no bastan

Gran parte de la sostenibilidad tiene que ver con las externalidades. Los costes son reales, pero no siempre se reflejan en los flujos de caja de la empresa que los genera. La política es la forma en que la sociedad intenta cerrar esa brecha. Los precios del carbono, la regulación, las subvenciones y el diseño del mercado conectan las consecuencias de la sostenibilidad con los incentivos comerciales.

En el mejor de los casos, las finanzas sostenibles comprenden esa conexión. Encuentran el punto en el que los imperativos de sostenibilidad y los objetivos comerciales coinciden, o donde la política y la tecnología pueden hacer que coincidan en el futuro. En el peor de los casos, se convierten en mediciones sin mecanismo.

Los límites de las etiquetas y las clasificaciones

Aquí es donde creo que el sector perdió la disciplina. Demasiados marcos de referencia reducen cuestiones complejas a puntuaciones, etiquetas o clasificaciones. Puede que faciliten la comparabilidad, pero a menudo ocultan la pregunta que realmente importa: ¿cómo se traduce este factor en valor?

Si un riesgo climático físico es relevante para un activo, espero que se refleje en algún aspecto: seguros, interrupciones, disponibilidad, demanda, financiación, márgenes, gasto en resiliencia, valor terminal o tipos de descuento. Si no se relaciona con ninguno de esos canales, puede que siga siendo importante para la sociedad, pero quizá no lo sea para el caso de inversión. Esa es la diferencia entre el análisis y el teatro.

No todos los factores de sostenibilidad pueden valorarse con claridad. El canal de transmisión puede ser incierto, estar insuficientemente divulgado o ser inmaduro. Pero la disciplina es la misma. ¿Está el mercado pasando por alto un riesgo, reaccionando de forma exagerada ante uno o no reconociendo cómo la política, la tecnología o el comportamiento pueden alterar la economía? La valoración imperfecta es donde el criterio es más importante.

Donde la sostenibilidad se une al valor

Por eso es importante el deber fiduciario. Los gestores de activos son agentes que invierten dentro de los objetivos y obligaciones acordados con los clientes. Sin un mandato, no pueden asumir riesgos no remunerados para perseguir resultados que dependen de que otros hagan lo mismo.

Siempre he pensado que la sostenibilidad se hace realidad cuando pasa de ser un mensaje de marketing a situarse en la mesa del director financiero. Por fin lo estamos consiguiendo. Menos dependencia de las etiquetas. Menos pretensiones de que los objetivos de la cartera puedan sustituir a las políticas. Menos comodidad con las puntuaciones mixtas. Más atención a la fijación de precios, los incentivos, la claridad del mandato y la relevancia comercial.

La siguiente fase no debería ser «post-ESG», sino «post-ingenuidad».

Por eso veo con optimismo este nuevo enfoque de la sostenibilidad. La siguiente fase no debería ser «post-ESG», sino «post-ingenuidad».

La sostenibilidad es de vital importancia. En el ámbito financiero, cobra relevancia cuando altera los aspectos económicos. Quiero encontrar ese vínculo, ponerlo a prueba, valorarlo y actuar en consecuencia. Todo lo demás no es más que una medición sin mecanismo.


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