Insights
Deuda de mercados emergentesCuando el clima mueve mercados
Cómo podría influir El Niño en las economías de mercados frontera
Author
Leo Morawiecki
Investment Specialist, Fixed Income, Aberdeen

Duración: 6 Mins
Date: 07 sept 2026
En los últimos meses, el fenómeno meteorológico de El Niño se ha convertido en un tema habitual de conversación con los clientes. La verdad es que ha supuesto un cambio bienvenido respecto a la atención constante que se prestaba a la inestabilidad geopolítica.
En este artículo nos centraremos más en el segmento de mayor rentabilidad del universo de los mercados emergentes (ME), dado el impacto desproporcionado que tiene El Niño en los precios de los alimentos y la energía. Ambos productos tienen una ponderación superior a la media en la cesta de consumo de los emisores más pequeños de los mercados emergentes, en comparación con sus homólogos de los mercados emergentes en general y de los mercados desarrollados (véase el gráfico 1). Los estudios muestran que cuanto menor es el PIB per cápita mayor es la ponderación de los alimentos en la cesta de consumo.
Por qué esto no es la crisis inflacionista de 2022
El Niño altera los patrones meteorológicos y suele venir asociado con condiciones más secas y cálidas al sur de África y a algunas zonas de Asia, al tiempo que provoca lluvias más intensas e inundaciones en algunas zonas de Sudamérica y África Oriental. Los meteorólogos estiman actualmente que hay un 88% de probabilidades de que se desarrolle un fenómeno de El Niño entre noviembre de 2026 y enero de 2027. El próximo fenómeno se describe como un «super El Niño», lo cual, hay que reconocerlo, suena preocupante.
La buena noticia es que, a diferencia de lo que ocurre con los terremotos o los huracanes, El Niño se desarrolla de forma gradual, lo que da tiempo a los gobiernos para prepararse. Y siempre que el fenómeno no se prolongue indefinidamente (lo cual no ocurrirá), la mayoría de los efectos económicos deberían ser temporales.
De hecho, la historia demuestra que las tendencias al alza de los precios de la energía y la inflación, así como la ralentización del crecimiento, suelen revertirse a medida que las condiciones meteorológicas se normalizan y se recupera la oferta.
Esto no significa que se descarte el impacto inicial. Más bien, sugiere que es poco probable que El Niño provoque la crisis inflacionista prolongada y el endurecimiento de la política monetaria que se observaron tras la pandemia del COVID-19 y el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022.
En cambio, es más probable que la política fiscal actúe como amortiguador, ya sea mediante el gasto en reconstrucción o mediante ayudas a los agricultores afectados y a los hogares con bajos ingresos, especialmente en América Latina y África. Un ejemplo claro es Ecuador.

Ecuador
Ecuador es uno de los países de América Latina más expuestos al fenómeno de El Niño debido a su ubicación a lo largo de la costa del Pacífico y a la importancia que tienen la agricultura, la pesca y las infraestructuras de transporte para su economía. El fenómeno de El Niño de 1997 provocó un impacto del 15% en la economía, lo que lo convirtió en uno de los desastres naturales más costosos de la historia del país.
El camarón, el principal producto de exportación de Ecuador, es vulnerable al aumento de la temperatura del agua, al deterioro de la calidad del agua y al riesgo de enfermedades. En 2025, Ecuador exportó camarón por valor de 8.400 millones de dólares, frente a los 7.800 millones de dólares en petróleo. Si suponemos que el 50% de las granjas de camarón se ven afectadas, las pérdidas podrían alcanzar los 1.600 millones de dólares, es decir, el 1% del PIB, en caso de un fenómeno de El Niño intenso, debido principalmente a la disminución de los volúmenes de exportación y a la reducción de los ingresos.
El Ministerio de Hacienda de Ecuador estima que, en estas condiciones, el déficit fiscal podría aumentar entre un 1% y un 2% del PIB, mientras que la inflación podría subir entre un 1,5% y un 3% en el cuarto trimestre de 2026, antes de normalizarse en 2027.
Otra vulnerabilidad es la energía eléctrica. Ecuador depende en gran medida de la energía hidroeléctrica, lo que hace que el suministro eléctrico sea vulnerable a la sequía. El fenómeno de El Niño de 2023/24 puso de manifiesto esta debilidad a través de los cortes de electricidad y, si se repitiera, afectaría directamente a los hogares y a las empresas. Para el presidente Noboa, más cortes de electricidad podrían convertirse rápidamente en un problema político, además de económico.
No obstante, es importante destacar la posición fundamental de Ecuador y los recursos de que dispone para hacer frente a una crisis externa.
En primer lugar, la balanza por cuenta corriente ha pasado a registrar un superávit, el mayor registrado en más de dos décadas (véase el gráfico 2). Esto se ha debido, en gran medida, a una mejora de los términos de intercambio y, en menor medida, a las remesas. Ecuador es uno de los pocos exportadores netos de petróleo de América Latina.
En segundo lugar, está el aumento de las reservas de divisas. A finales de 2025, alcanzaron un máximo histórico de 12.500 millones de dólares estadounidenses, lo que equivale a más de cuatro meses de cobertura de las importaciones. Si se agotara la entrada de dólares estadounidenses (ya sea debido a una disminución de las exportaciones o a una ralentización de las remesas), este amplio colchón de reservas permitiría a Ecuador cubrir sus necesidades de financiación o hacer frente al servicio de la deuda externa.
Una subida de los precios del cacao es prácticamente inevitable
El cacao es la materia prima más expuesta a El Niño, y Costa de Marfil es el principal productor mundial. Ecuador ha superado recientemente a Ghana y ocupa ahora el segundo puesto (véase la tabla siguiente).
Durante los fenómenos de El Niño anteriores, los precios del cacao subieron un 19% en 1997/98, un 23% en 2002/03, un 24% en 2009/2010, un 9% en 2015/16 y un 56% en 2023/24. Durante los próximos 18 meses, la presión de las enfermedades y la escasa inversión lastrarán la producción de cacao, pero el factor de riesgo más importante para la producción es el harmattan. Se trata de un viento seco estacional que sopla desde el Sáhara y que trae consigo baja humedad y una reducción de las precipitaciones en toda África Occidental.
Durante el fenómeno de El Niño de 2016, las condiciones del Harmattan contribuyeron a una caída de la producción de cacao de Costa de Marfil, que pasó de alrededor de 1,8 millones de toneladas a 1,5 millones, lo que supone un descenso del 16%. El cacao representa más del 50% de sus ingresos por exportaciones y alrededor del 15% del PIB, por lo que el principal impacto macroeconómico se produjo a través de la balanza de pagos. A pesar de que los precios del cacao subieron más del 50%, los volúmenes de exportación disminuyeron y el déficit por cuenta corriente se amplió del 1,7 % del PIB en 2015 al 3,0 % en 2016.
Sin embargo, el episodio de 2016 también pone de relieve por qué el impacto económico en Costa de Marfil debería seguir siendo manejable. A diferencia de Ecuador, el canal de transmisión es más limitado y se concentra en un único cultivo de exportación, en lugar de provocar daños generalizados en las infraestructuras, la pesca y las redes de transporte.
El aumento de los precios del cacao compensa en parte la disminución de los volúmenes de producción. En los últimos años, el Consejo del Café y el Cacao (CCC) del país ha reducido la proporción de cacao vendido a plazo, lo que ha permitido que las cuentas exteriores sigan más de cerca la subida de los precios al contado. Por lo tanto, aunque una cosecha de cacao más escasa ampliará el déficit por cuenta corriente, el impacto fiscal y exterior debería verse amortiguado por una mayor participación en los precios al contado.
Conclusiones
La lección que nos enseña El Niño es que el clima rara vez lo cuenta todo.Dos países pueden enfrentarse a la misma crisis climática y salir de ella con resultados muy diferentes. Lo que importa en última instancia no es solo la exposición, sino la resiliencia. Unas balanzas de pagos sólidas, unas reservas saneadas y unos marcos normativos creíbles pueden ayudar a los países a capear las perturbaciones temporales y a recuperarse una vez que las condiciones se normalicen. Para los inversores en mercados emergentes, esto supone un recordatorio oportuno de que los fundamentales económicos de los países siguen siendo mucho más importantes que los titulares.





